Los ciudadanos y las comunidades necesitan una voz en las políticas del sector del agua

Generar confianza y sostenibilidad mediante la integridad - Evento de la Semana Mundial del Agua (WWWeek)

Creo que es posible lograr mayores niveles de sostenibilidad y confianza en el sector del agua cuando se considera más seriamente la opinión de ciudadanos y comunidades. De hecho, los ejemplos de participación comunitaria y ciudadana son testimonio de que los enfoques “desde la ciudadanía” pueden funcionar. Si el entorno es favorable a la participación, esto incide sustancialmente en el tipo de impacto que podrán lograr tales enfoques. Este entorno está determinado por el apoyo político existente, las alternativas legales de participación y la práctica cultural. No obstante, subsisten numerosos desafíos importantes a la participación local, especialmente con respecto a los procesos de políticas internacionales, como la definición de la agenda para el desarrollo después de 2015 y la iniciativa de la OCDE para la Gobernanza del Agua.

A medida que nos acercamos a la fecha de la Semana Mundial del Agua 2015 en Estocolmo, debemos reconocer cuáles son los obstáculos.

Cuando los enfoques “desde las autoridades” se imponen por sobre aquellos “desde la ciudadanía”

Tanto ciudadanos como comunidades parecen haber perdido su confianza en la política: en las instituciones de la ONU, en sus gobiernos y en instituciones del sector del agua. Si bien se trata de un fenómeno global, es más marcado en países donde gran parte de la población vive en la pobreza. Además del gran crecimiento urbano, la escasez de recursos hídricos, la contaminación del agua y las interrupciones o la falta de servicios de suministro de agua doméstico, esta situación plantea un riesgo para la estabilidad en numerosos países.

Por lo tanto, es importante restablecer la confianza y, en mi opinión, esto debería ser una prioridad política. Se necesita promover procesos para la fijación de prioridades en cada país, a través del diálogo con los actores nacionales relevantes, y con mayor participación de comunidades y ciudadanos en los niveles correspondientes. Esta participación debería contribuir a que las prioridades sobre políticas reflejen en mayor medida los intereses de la comunidad, del mismo modo en que informa a las comunidades sobre qué alternativas están disponibles. La transparencia y la honestidad, sobre todo en materia de gobernanza y desafíos de integridad en distintos contextos culturales, políticos y económicos, resultan esenciales en este contexto. Esto exige un cambio en la cultura política de numerosos países donde prevalecen los enfoques “desde las autoridades” o donde la corrupción es endémica.

Objetivos loables, realidades complejas

Durante la Asamblea General de la ONU de septiembre de 2000, los jefes de Estado y de gobierno reunidos emitieron la Declaración del Milenio, una importante declaración de interés basada en una ambiciosa agenda política. Enunció valores y principios cuya ratificación se consideró necesaria, e incluyó referencias a la necesidad de una gobernanza efectiva. Esta declaración supuso un sólido compromiso con los principios y valores de integridad, y contribuyó a movilizar financiamiento e iniciativas. Sin embargo, oferció bastante menos de lo que era necesario.

Las declaraciones y los principios universales no bastan cuando el poder, la política y el crimen organizado empujan a la realidad en la dirección contraria. Los procesos de formulación e implementación de políticas en general presentan graves falencias, que considero que en parte se deben a la falta de integridad, e incluso a la falta de participación.

Durante los 15 años de implementación de los ODM, ha prevalecido un enfoque condicionado por las autoridades en el plano internacional. Son pocas las veces en que se toman en cuenta las voces en las bases. El seguimiento de los ODM mostró una gigantesca brecha entre los avances informados oficialmente y la situación real. También ha sido desconcertante que las acciones de seguimiento a la implementación de los ODM no establecieran relaciones entre los distintos objetivos a nivel local, regional y nacional. Debido a ello, el seguimiento no se ha aplicado para definir políticas y reducir la brecha entre las aspiraciones políticas y la implementación.

Si bien el enfoque de la iniciativa GLAAS (Evaluación Mundial sobre Saneamiento y Agua Potable de la ONU) fue una reacción a esta situación, resultó demasiado tardía y no aporta igualmente una perspectiva clara y suficiente sobre gobernanza efectiva e integridad del agua. Por ende, no contribuye verdaderamente a acortar la brecha de información y comunicación entre las realidades locales y los programas y políticas nacionales.

¿Nuevas oportunidades o nuevos obstáculos?

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, publicada en agosto de 2015, y que incluye los nuevos ODS, entrará en vigor en 2016. El documento muestra que se han reconocido algunas de las enseñanzas extraídas durante los últimos 15 años transcurridos desde la Declaración del Milenio. La declaración sobre los ODS estipula:

“La nueva Agenda se basa en los Objetivos de Desarrollo del Milenio y aspira a completar lo que estos no lograron, en especial las acciones para llegar a los más vulnerables.

Sin embargo, el marco que hoy anunciamos tiene un alcance que va mucho más allá de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Se mantienen algunas prioridades de desarrollo, como la erradicación de la pobreza, la salud, la educación y la seguridad alimentaria y la nutrición, pero se establece además una amplia gama de objetivos económicos, sociales y ambientales. También se prometen sociedades más pacíficas e inclusivas y, lo que es más importante, se definen los medios de implementación”.

Es importante la relevancia asignada a la inclusión, así como a la participación de las comunidades locales para una mejor gestión del agua y el saneamiento (objetivo 6.b). El objetivo 16, que se refiere expresamente a “crear a todos los niveles instituciones eficaces y transparentes” representa una incorporación importante.

No obstante, en todos los debates, acciones de lobby y negociaciones relativas a los ODS, las voluntades —que sí se unieron para alcanzar un objetivo específico sobre agua— no se alinearon en lo que respecta a la formulación de los objetivos y la elección y formulación de las metas. Los intereses institucionales de gobiernos, distintas organizaciones de la ONU y ONG internacionales influyeron en las deliberaciones, y limitaron el espacio para valores y principios. Los 17 ODS propuestos representan una agenda compleja e incluso más ambiciosa que la expuesta en los ODM. Creo que el resultado podría ser confuso: se trata de una especie de mezcla de objetivos y metas de distintos grupos de interés, pero estos no se han cotejado con las realidades de comunidades y ciudadanos. Los ODS tampoco contienen referencias a la transparencia ni la integridad, así como tampoco el tema de la confianza.

Con respecto al sector del agua en concreto, considero que los Principios de la OCDE sobre la Gobernanza del Agua acordados en junio pueden ser un punto de partida valioso para que los distintos países deliberen a nivel interno y entre sí sobre la posibilidad de apoyar la implementación de los ODS. Los principios fueron desarrollados a través de un proceso de consulta a múltiples actores interesados y, si bien todavía pueden ser cuestionados, abordan expresamente la transparencia y la integridad como elementos esenciales para la mejora. Espero sinceramente que sean usados como principios rectores universales.

Son muchas más las preguntas sin respuesta que necesitan de un mayor debate y participación para impulsar la agenda global. Sin lugar a dudas, debemos preguntarnos:

  • ¿En qué medida se ha adherido a los valores y los principios de la Declaración del Milenio?
  • ¿Los actores de la comunidad y los comportamientos a nivel local son receptivos a las normas y los principios internacionales? ¿Pueden serlo?
  • ¿La mayor participación de comunidades y ciudadanos habría significado alguna diferencia? ¿Habría sido posible?
  • ¿Cuál es nuestra posición en cuanto a incrementar la participación de mujeres y jovencitas hasta niveles equivalentes a los de hombres y jóvenes en las decisiones y el monitoreo del sector del agua? ¿Cómo podemos lidiar con la resistencia de la comunidad a una participación más inclusiva de mujeres y jovencitas?
  • ¿Se podrían haber logrado mayores resultados con los recursos disponibles?
  • ¿En qué situación estamos actualmente? ¿Existe un verdadero cambio de paradigma en cuanto a equidad y sostenibilidad de los ODS?
  • ¿Los ODS abrirán el espacio para que las comunidades, la sociedad civil y sus representantes participen en procesos de toma de decisiones?
  • ¿El diálogo en torno a los ODS y otros principios conexos como los Principios de la OCDE sobre la Gobernanza del Agua ayudarán a restablecer la confianza y movilizar voluntades, habilidades y conocimientos para encontrar soluciones?

 

Es mucho lo que queda por decir, e incluso más por hacer. Entonces, ¿por dónde empezamos?

Dialoguemos sobre el tema en el evento “Generar confianza y sostenibilidad mediante la integridad”, en la Semana Mundial del Agua 2015 en Estocolmo. Miércoles 26 de agosto a las 4 p.m., sala FH Little Theatre/Lilla teatern.