© Khalid Rayhanshawon

La corrupción en el sector del agua pone en riesgo vidas y medios de subsistencia

La falta de integridad tiene repercusiones mucho más allá del sector del agua

Por qué es importante

El agua sacia la sed, permite que crezcan los cultivos y genera energía. Es además indispensable para la salud y la supervivencia humana. Pero solo si está exenta de corrupción e impurezas.

La corrupción agrava una crisis del agua que tiene consecuencias devastadoras en términos de vidas humanas y para nuestras economías y nuestra seguridad global.

Una de cada diez personas en el mundo no tiene acceso garantizado al agua.

Seis millones de personas mueren cada año debido a catástrofes y enfermedades vinculadas con el agua.

El incremento de la competencia, el uso excesivo y la contaminación ya han convertido a nuestros ecosistemas hídricos en los recursos naturales más degradados del mundo. Las comunidades pobres y marginadas —con menos posibilidades de denunciar estos problemas— son las más afectadas.

 

Los riesgos son elevados

El mercado mundial anual de la infraestructura para agua potable y saneamiento ya es importante (asciende a cerca de USD 210.000 millones) y se requieren mayores inversiones para cumplir con objetivos internacionales como los ODS, para la adaptación al cambio climático y para mantenimiento y gestión de daños.

La corrupción puede aumentar de 20 a 40 por ciento el costo de las conexiones a las redes de agua.

La corrupción incrementa artificialmente los precios e interpone obstáculos incluso mayores a las personas más vulnerables. También atenta contra la sostenibilidad del suministro de agua. En países en desarrollo, se estima que la corrupción incrementa el precio de conexión de las viviendas a la red de agua hasta un 30 por ciento. En muchos países, casi la mitad del suministro de agua se desperdicia como resultado de pérdidas que no son controladas y conexiones clandestinas.

 

Un desafío que excede al sector del agua

Invertir en integridad y en la adecuada gobernanza del sector del agua implica invertir en empleos, agricultura, salud, educación y protección ambiental. Es un camino que conduce al desarrollo sostenible y que, muy a menudo, se ve obstaculizado por la corrupción.