“Juntos podemos lograr un impacto mayor en el sector del agua. La señora Mhkwanazi cuenta con nosotros.”

Prólogo de Barbara Schreiner, nueva Directora Ejecutiva de WIN

El 2 de enero de 2019 llegué a las oficinas de la WIN en Berlín y asumí el cargo de Directora Ejecutiva de esta importante red. Me siento entusiasmada por haberme unido al equipo de la WIN y por tener la oportunidad de contribuir a los esfuerzos dirigidos a mejorar la integridad y reducir la corrupción en el sector del agua en todo el mundo. Asumo mis nuevas responsabilidades como una persona con más de veinte años de experiencia en el sector del agua, en la administración pública, en el terreno de la consultoría y en el ámbito de las ONG. A lo largo de toda mi vida profesional, mi compromiso con las cuestiones relativas a la gestión del agua ha estado impulsado por una pregunta: ¿cómo benefician mis actos a la señora Mkhwanazi?

La señora Mkhwanazi es una mujer de mediana edad que vive en una zona rural de la provincia sudafricana de KwaZulu Natal. Cuida de varios niños –algunos son sus propios hijos, otros son sus nietos pero no tienen padres, o estos están ausentes– y sus únicos recursos son una pequeña parcela de terreno y su duro trabajo. Hay otras mujeres como ella en Myanmar, Ecuador o la India; mujeres pobres que luchan para llegar a fin de mes y cuidar de sus familias. La señora Mkhwanazi es mi obsesión: ¿estoy ayudando con mi trabajo en el sector del agua a que ella pueda disfrutar de una vida mejor?

El 28 de julio de 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el derecho humano al agua y al saneamiento. En 2015, las Naciones Unidas adoptaron 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El ODS 6 se centra en el agua, que a su vez contribuye de manera significativa al logro de otros objetivos, como el ODS 2 (Hambre cero), el ODS 3 (Salud y bienestar) o el ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles). En aquel momento, 844 millones de personas carecían de un servicio básico de abastecimiento de agua y 2.100 millones de personas no tenían acceso a agua en su domicilio, disponible cuando la necesitaban y no contaminada (lo que se denomina “agua potable gestionada de forma segura”). En lo referente al saneamiento, las cifras eran todavía mucho peores. Hoy en día, la demanda de agua, un recurso limitado, continúa creciendo, y la contaminación del agua también va en aumento en muchas zonas.

La corrupción y la falta de integridad en el sector del agua tienen efectos enormemente negativos sobre nuestra capacidad para alcanzar los ODS y hacer realidad los derechos humanos al agua y a la alimentación en todo el mundo para las personas pobres. Estos efectos se traducen, por ejemplo, en el desvío de fondos públicos hacia manos privadas; el soborno y la presión política, que llevan a las autoridades responsables del abastecimiento de agua a apartar la vista ante la captación excesiva de agua y sus altos niveles de contaminación; el secuestro de los reguladores del sector del agua a manos de poderosos intereses creados; colusión, sobre todo en el de la construcción, para elevar los precios; prestación de servicios de baja calidad para aumentar los beneficios; así como la exigencia de pagos, incluida la extorsión sexual, para poder acceder a los servicios de suministro de agua y saneamiento.

La corrupción y la falta de integridad en el sector del agua benefician a quienes disponen de suficiente poder y dinero para manipular las normas. Y quien sufre las consecuencias de ello es la señora Mkhwanazi.

Estoy muy orgullosa de que uno de nuestros temas centrales para 2019 sea el del género. Es importante que comprendamos mejor los diferentes efectos que ejercen la corrupción y la falta de integridad sobre las mujeres y los hombres pobres, así como sobre otros grupos especialmente marginados, como las personas con discapacidad.

En el breve tiempo que llevo en la WIN he tomado conciencia de la amplia variedad de socios con los que contamos en todo el planeta, desde importantes agentes que operan a escala mundial hasta ONG nacionales. He conocido al pequeño pero apasionado equipo que trabaja en Berlín, que me ha impresionado sinceramente. Algunos de sus miembros llevan ya un tiempo trabajando en la organización, otros se han incorporado a la WIN en fechas relativamente recientes. He empezado a conocer el excelente trabajo que han realizado el equipo de la WIN y sus socios a lo largo de la última década, y a entender la dimensión de los retos a los que nos enfrentamos.

En la actualidad nos encontramos en el tercer año de aplicación de nuestra estrategia 2017-2022. En 2019 llevaremos a cabo una evaluación intermedia que nos permitirá reorientar nuestro trabajo en la segunda mitad del período que abarca nuestra estrategia, y examinar de qué modo podemos ampliar el alcance y el impacto de la red, apoyándonos en los sólidos cimientos sobre los que ya se asienta nuestra organización. Esto exigirá que seamos capaces de mejorar el trabajo en los ámbitos de la investigación de los problemas de integridad en el sector del agua, la concienciación mundial sobre el impacto de la corrupción y la falta de integridad y el desarrollo de herramientas que nos permitan hacer frente a los desafíos que nos esperan. Además, será necesario comprender mejor los efectos de la corrupción, incluso a través del prisma de género, y trabajar sobre el terreno con nuestros socios para desarrollar las capacidades de la sociedad civil, las administraciones públicas y el sector privado. Por lo que he visto hasta el momento, no tengo ninguna duda de que podemos conseguirlo.

Confío en tener la oportunidad de conocer a todos nuestros socios y donantes en los próximos meses, a fin de apoyar la creación de nuevas alianzas, desarrollar el programa actual de la WIN y explorar de qué modo podemos lograr juntos un impacto mayor en el sector del agua. La señora Mhkwanazi cuenta con nosotros. Tenemos mucho trabajo por delante. Entretanto, les invito a ponerse en contacto conmigo para tratar los temas más urgentes y abordar las oportunidades que tenemos ante nosotros.